LA CAJA DE MUERTO
Recopilado y enviado por: Franco +51 900...
La siguiente historia me fue contada por un señor de oficio Albañil, oficio que desempeñó hace muchos años allá por los años 40 50 60s.
En uno de sus muchos hechos paranormales, uno de los más significativos lo tuvo en el barrio arriba, cuando fue contratado para hacer algunas remodelaciones en una antigua y enorme casona aledaña a la iglesia del barrio arriba.
Muy temprano se presentó en el domicilio, llevaba un costal con sus respectivas herramientas, un marro, niveles, y una pala y un pico al hombro, se dispuso a tocar con la enorme y antigua aldaba en forma de mano que se encontraba al centro de la igualmente vieja y oscura puerta de madera, al hacerlo y antes de un tercer toquido, salió el dueño, un hombre que trabajaba como encargado de una vieja tenería del rumbo, quien ya lo esperaba.
—Pásele Don Gollo, ya lo estaba esperando, venga para decirle donde va a arreglar un piso que se está sumiendo mucho, y es que como mi madre está en silla de ruedas tengo miedo que pueda tropezarse y caerse.
Caminaron por un pequeño patio, al pasar se incorporaron a un pasillo con muchas habitaciones a ambos lados donde al final había otro pequeño patio con una fuente de cantera y una última habitación.
—Aquí es, ... le dijo mientras con su dedo índice le mostraba el piso de antiguos mosaicos hundidos en un tramo como de un metro lineal.
—Está bien patrón, habrá que cambiar el piso y rellenar para que no se vuelva a sumir, le contestó Don Gollo.
—Bueno pues hay te dejo para que hagas tu trabajo, ahí te deje cemento y arena, regreso más tarde. Le contestó el dueño.
El albañil se dispuso a hacer su trabajo quitando los mosaicos comenzó a cavar, pero una presencia lo comenzó a poner incómodo pues percibía que alguien lo estaba viendo, al voltear se dio cuenta que una anciana sentada en una silla de ruedas que se asomaba desde la última habitación, era la mama del dueño quien muy atenta observaba las labores de Don Gollo, como si supiera que algo se encontraba bajo de aquel antiguo suelo de mosaicos, Don Gollo trato de no darle importancia y continuo cavando.
Entre más avanzaba comenzó a percibir un olor fétido y nauseabundo, en calma siguió haciendo su trabajo, cuando de pronto su pala se detuvo de manera seca contra una especie de tarima que le obstruía de seguir cavando, al darse cuenta del obstáculo decidió descubrirlo de la arena y piedras que estaban a su paso, al estar totalmente descubierta un temor se apodero del pues lo que acababa de descubrir no era una simple tabla, sino la tapa de un vieja y podrida caja de muerto, ¡un ataúd! Cuando volteo hacia la habitación, hay seguía la anciana abriendo de sobremanera los ojos y muy atenta le dijo con una vos muy seca.
—No tengas miedo, es tuyo... ¡Llévatelo!
Don Gollo en ese instante se sentía muy mareado y al escuchar lo que le dijo aquella misteriosa anciana decidió tomar su herramienta y salir a toda prisa de aquella casa, mientras que mentalmente respondía a las palabras de la anciana.
—Quédese con su pinche muerto, yo para que lo quiero.
Pasaron los años y el dueño de la casa, paso de ser obrero a ser el dueño de muchas fincas y locales del barrio arriba, cuentan que una noche en una cantina, al calor de las copas contó, que, en el pasillo de la antigua casa de su madre, había encontrado un ataúd pero que, en vez de estar ocupado por un cuerpo, estaba repleto de monedas de oro y plata. Aunque también contó que al día siguiente murió su mamá.
Y como me dijiste el día que me platicaste esa historia... El que nace para maseta no pasa del corredor.

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